Tras aplicar el polvo, debe calentarse a una temperatura de entre 150 y 200 °C durante 10 a 20 minutos, dependiendo del tipo de polvo.
Esto se puede hacer con cualquier fuente de calor, siempre que alcance la temperatura de horneado requerida de forma constante.
Dependiendo del tamaño de la pieza, se puede usar un secador de pelo, un calentador infrarrojo o un horno.
Se prefiere un horno porque proporciona un calor constante y no se ve afectado por el entorno. Sin embargo, si la pieza no cabe en un horno, se pueden usar otras fuentes de calor. Sin embargo, esto llevará más tiempo y requerirá mayor atención y supervisión.
Un termómetro infrarrojo es una herramienta útil para comprobar la temperatura.